martes, 15 de febrero de 2011

Cuando viajábamos,
nuestros recuerdos se deslizaban,
sigilosamente, en sentido contrario,
dejándonos a solas con nosotros mismos,
regalándonos una vida nueva y excitante.
Y la felicidad ya no era un trabajo seguro,
ni algún examen sin importancia alguna,
o la hazaña de un equipo de perdedores;
las palabras perdía todo su significado,
y se fundían entre los trazos borrosos
de los campos en movimiento,
del asfalto fugaz y volátil el cual
recorríamos sin pensar en nada.
En los momentos en que la música
llenaba nuestros oídos,
y tarareábamos a dúo
los rock 'n' roll's que compusiste,
siempre atardecía, siempre,
como si el mundo quisiera despedirse
de nosotros,
como si nuestro viaje precediera,
en un futuro no demasiado lejano,
a la noche de los tiempos.

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